lunes, 25 de noviembre de 2013

Palabras Trampa: #2~ Llover de fuera hacia dentro

[#2]

Palabras a usar: fruta, cara, cuadro, zafiro, desamor, compras, ángel, electrónico, gota, vacío.





Llover de fuera hacia dentro


Como cada vez que sufría un desamor, Layla se fue de compras. Siempre se repetía el mismo ciclo: entregaba su corazón, lo ponía en manos incautas, lo exprimían como a una fruta, se bebían su néctar noche tras noche, y cuando se hartaban del sabor, se lo devolvían exangüe, tiritando de frío, con toda la antigua gloria y plenitud que lo había envuelto despellejadas. Ella se lo comía, sin masticar, para no maltratarlo más. Y así se acomodaba de nuevo en su pecho, y ocupaba un vacío que no menguaba.

Pero cuando entraba en una tienda, el agujero negro de su cerebro dejaba de sorber sus buenos pensamientos. Con todas esas luces las sombras no tenían terreno, y toda aquella ropa, aquellos libros, todo artículo electrónico y todo cosmético revestían la vacuidad de sus compradores. Estaban allí para embutirlos en una sensación mejor, para ser un patético suplente de lo que necesitaban. La ropa, para ayudarlos a fingir lo que no eran. Los libros, para olvidarse de su propia historia. La tecnología, para distraerlos de la realidad. El maquillaje, para camuflar el paso del tiempo. Todo era un barniz ilusorio. Y mientras vaciaba su cartera en toda aquella inutilidad, Layla sentía que hacía lo correcto.

Salió a la calle cargada de bolsas, y pateó la acera, manteniéndose cerca del embrujo tentativo de los escaparates. Pero entonces sus ojos tropezaron con una joyería que tenía expuestos tesoros extraordinarios de precios exorbitantes. No pudo resistirse a pararse a soñar. Y su rendición la premió con su reflejo fantasmal sobre el escaparate, que la revistió en ese espejismo con una fabulosa gargantilla de plata con incrustaciones de zafiro. Así, así, pensó Layla. Así me habrían pintado en otro siglo; con este aspecto me habrían claveteado en la pared del salón, sobre la chimenea, encerrada en los márgenes inmortales de un cuadro. Generación tras generación me observarían ojos que algún día habrían olvidado mi nombre. Un día naufragaría en la marea del tiempo, y solamente se referirían a mí como: La dama de la cara de ángel.

Una gota impactó en su mejilla, poniendo la lágrima que sucedía a su nostalgia.

Toda su tristeza se había ido por el desagüe. Había desembocado en el mar en que se había diluido su yo alternativo. Aquel al que habían amado en el pasado, tanto como para cercar las palpitaciones de su garganta con una joya carísima, para que sus latidos no volasen lejos.

 

 ··~··

domingo, 20 de octubre de 2013

Palabras Trampa: #1~ Olor a sexo e infancia

Palabras Trampa es un juego para la creatividad narrativa. Consiste en que a partir de diez palabras aleatorias (palabras que por otro lado no se pueden declinar ni a las que se les puede alterar el género; es decir, hay que usarlas tal cuál se plantean) tengo que escribir un relato corto introduciéndolas todas ellas en el texto de manera coherente. 

Éste será uno de los muchos apartados que iré añadiendo al blog.

Dejo mi primer relato de éstas caractéristicas ;).


[#1]

Palabras a usar: quizá, manisero, filloa, zumo, abalorios, uñero, labios rojos, repiquetear, ginebra. 


Olor a sexo e infancia 

La ginebra es un buen consuelo para el alma solitaria. Y una prostituta, para no dejar que el cuerpo se aletargue en la sed de placer. Si el alma pesa, el cuerpo pesa, y si se hace ancla no hay pasión que eleve a uno ni a otro.
Por temor a morir en vida es que no rechacé a la voluptuosa mujer que me cogió la mano, que había descansado en la barra engarfiada a un vaso que nunca se vaciaba de veneno, y la posó sobre uno de sus senos, que abultaba sobre un apretado corsé cuyo escote estaba orlado con abalorios de colores. Llevaba el semáforo que pausaba el ritmo de un trote que corría por alcanzar la meta de su decadencia.
De su cara solo recuerdo sus labios rojos. Quizá fuera guapa, quizá no.
No importaba. Porque su cometido era ser mi fantasía aquella noche.
Su brazo se encadenó al mío, y sin rechistar dejé que me guiara a través de unas escaleras que nos llevaron al piso de arriba. Un pasillo estrecho recibió nuestras zancadas y nos perdimos en el interior que guardaba una de las múltiples puertas. La habitación era pequeña y oscura, mal ventilada. Las paredes eran de papel, y se oía el repiquetear de amores ajenos. Las sabanas de la cama deshecha ya se habían impregnado del sudor de otras pasiones. Era un escenario deprimente, y ella lo sabía, por eso cercó mi visión, estrechándome contra su cuerpo. Un profundo olor a cítrico invadió mi olfato. Y sin saber muy bien porque, recordé el zumo de naranja mañanero que mi madre ponía delante de mis narices siendo niño. Acordarme de eso me trajo más recuerdos a la memoria, como la filloa que tanto me gustaba y que mi madre me freía cuando me portaba bien. O las tardes en el parque, cuando interceptábamos al manisero ambulante que nos enriquecía las horas de juego con el sabor de los cacahuetes tostados que vendía. O los manotazos que me daba cuando me sorprendía mordiéndome las uñas, como si no tuviera drama suficiente con que en cada dedo luciese un uñero sanguinolento.
No sé por qué se agolparon esas imágenes en mi mente. Pero de pronto tuve sed de olvido.


··~··

sábado, 19 de octubre de 2013

Acto Primero: De Kharibdys, el cataclismo que sacudirá mi mundo interior.

 
 
  

Lo primero que tenéis que saber sobre mí, es que padezco un apego absurdo por lo imposible. ¿Que no os importa? Entonces no sé qué mierda hacéis aquí.

Estoy harta de palabras educadas. De convencionalismos, de moldes sociales, de medir mi vida por el rasero de lo socialmente aceptable. Yo quiero ser yo. Quiero desesperadamente no dejar morir a mis defectos. Porque esos defectos son lo que más feliz me hacen. Porque son defectos únicamente porque se rebelan a lo que se supone que tengo que ser. 

Mis defectos son mi libertad.

¿Estoy loca? Pues igual es que tú no eres más que otro esclavo de la sociedad.

Asi que, si piensas que estoy loca, márchate por donde has venido. Pero si ves algo de cordura en mi demencia, tal vez podamos enloquecer juntos.

Un abrazo,

K ♥.