domingo, 20 de octubre de 2013

Palabras Trampa: #1~ Olor a sexo e infancia

Palabras Trampa es un juego para la creatividad narrativa. Consiste en que a partir de diez palabras aleatorias (palabras que por otro lado no se pueden declinar ni a las que se les puede alterar el género; es decir, hay que usarlas tal cuál se plantean) tengo que escribir un relato corto introduciéndolas todas ellas en el texto de manera coherente. 

Éste será uno de los muchos apartados que iré añadiendo al blog.

Dejo mi primer relato de éstas caractéristicas ;).


[#1]

Palabras a usar: quizá, manisero, filloa, zumo, abalorios, uñero, labios rojos, repiquetear, ginebra. 


Olor a sexo e infancia 

La ginebra es un buen consuelo para el alma solitaria. Y una prostituta, para no dejar que el cuerpo se aletargue en la sed de placer. Si el alma pesa, el cuerpo pesa, y si se hace ancla no hay pasión que eleve a uno ni a otro.
Por temor a morir en vida es que no rechacé a la voluptuosa mujer que me cogió la mano, que había descansado en la barra engarfiada a un vaso que nunca se vaciaba de veneno, y la posó sobre uno de sus senos, que abultaba sobre un apretado corsé cuyo escote estaba orlado con abalorios de colores. Llevaba el semáforo que pausaba el ritmo de un trote que corría por alcanzar la meta de su decadencia.
De su cara solo recuerdo sus labios rojos. Quizá fuera guapa, quizá no.
No importaba. Porque su cometido era ser mi fantasía aquella noche.
Su brazo se encadenó al mío, y sin rechistar dejé que me guiara a través de unas escaleras que nos llevaron al piso de arriba. Un pasillo estrecho recibió nuestras zancadas y nos perdimos en el interior que guardaba una de las múltiples puertas. La habitación era pequeña y oscura, mal ventilada. Las paredes eran de papel, y se oía el repiquetear de amores ajenos. Las sabanas de la cama deshecha ya se habían impregnado del sudor de otras pasiones. Era un escenario deprimente, y ella lo sabía, por eso cercó mi visión, estrechándome contra su cuerpo. Un profundo olor a cítrico invadió mi olfato. Y sin saber muy bien porque, recordé el zumo de naranja mañanero que mi madre ponía delante de mis narices siendo niño. Acordarme de eso me trajo más recuerdos a la memoria, como la filloa que tanto me gustaba y que mi madre me freía cuando me portaba bien. O las tardes en el parque, cuando interceptábamos al manisero ambulante que nos enriquecía las horas de juego con el sabor de los cacahuetes tostados que vendía. O los manotazos que me daba cuando me sorprendía mordiéndome las uñas, como si no tuviera drama suficiente con que en cada dedo luciese un uñero sanguinolento.
No sé por qué se agolparon esas imágenes en mi mente. Pero de pronto tuve sed de olvido.


··~··

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